Fue aquella noche de primavera.
lo recuerdo por la moquera,
Y la intermitente llorera
de la maravillosa alergia.
Y por la nocturna y fresca brisa
que a pesar del calor del día
te puede destemplar el alma
Fue aquella noche de primavera
después de tantos años
cuando te colaste en la trastienda sin avisar,
y rebuscando entre el escombro
levantaste una gran nube de polvo
dejándolo todo patas arriba.
Debajo de tanta mugre
entre tanto tonto recuerdo sin sentido
encontré tu recuerdo
agazapado y escondido pero intacto.
Recordé tus ojos
y con ellos,
la dulce sensación
de la taquicardia del alma.
Recordé tu risa
y con ella, el inocente pavor del rubor.
Recordé tu voz
y con ella,
la relatividad del tiempo
se hizo latente.
Recordé tu cuerpo
y con el...
una ráfaga de anhelo culpable
invadió el mio.
Fue aquella noche de primavera
Pintando blancos, ramos, siquieros y violetas...
cuando volvió tu recuerdo
a este triste marinero de soledades
y con el, un renovado anhelo
de poder llegar algún día a puerto.
Es tan corto el camino al cielo
como el espacio que separa
mis labios de tu cuello.
Pero es sin embargo eterno
porque aún no tengo
derecho a recorrerlo.
Mientras tanto
ahorro fuerzas
y valoro lo ilegal
de ser ocupa en tu espacio.
De lanzarme al vacío
de quedar como un pringao
con un beso tuyo en mi haber
y un buen sopapo en papo.
Noto como el ansia de mi ser me devora en el imaginario mundo de las ideas.
Plano que trasciende lo físico, donde radica la geometría pura.
Ahí, flotando a la deriva entre triángulos isósceles y esferas matemáticas mi anhelo por tu cariño se aferra a la vida teórica, se hace fuerte.
Esto es para ti
para que me leas
allá donde estés.
Seas quien seas
me conozcas o no.
Estas palabras son
únicamente para ti.
Sabes que eres única
que lo mereces todo
y que no se lo debes a nadie.
Sé que no necesitas esto
pero aun así mereces saberlo
fuiste, eres y serás siempre amada
aunque, te parezca,
solamente sea
durante la millonésima parte de un segundo.
Cada momento es eterno.
Como tu.
Tu esencia es eterna
y trasciende lo físico y lo temporal.
Tu unicidad superlativa
te distingue, ilumina y me deslumbra.
Es un honor saberte y pensarte
es un gusto anhelarte
un gran placer culpable desearte,
y una delicia mirarte.
No hay ni menos ni más,
que tu magnífica y divina humanidad.
no hay más.