Cuando finalmente cayó la tromba de agua, ya no quedaba ningún desastre que limpiar. Nada que se pudiera llevar la corriente.
Y esa masa de huesos y carne que permanecía impasible bajo el diluvio local, desprovista de todo menos de su miserable vida , dejó que la lluvia escenificara las lágrimas que largo tiempo atrás había derrochado en las frías noches de invierno.
Al final lo inevitable se hizo patente. De tanto llorar y llorar, aquellos cuerpo, mente y corazón, se diluyeron en la tormenta como pequeños cachitos de óxido que se desprenden de su envase original. Y así su vida, lo único que le quedaba, se hizo caudal. El caudal arroyo. El arroyo río. Y eventualmente, con el permiso de la tierra, al final el río se hizó mar.
Y allí se quedó, en forma de nada y a la vez de todo. Formando parte solamente de la inmensidad.
Soy eterno viajero de sueños e ilusiones.
Soy eterno viajero de amores.
Cruzaré los mares en mi barco pirata
con los cañones acenagados
y mi bandera será blanca.
Dominaré los aires como un pájaro
desprendiendo de mi cuerpo
blancas y multicolores plumas de amor y paz.
Cabalgaré por valles y montañas a lomos de mi Gitana
Sin dejar más señal para el retorno
que la sonrisa y la amabilidad.
Escucharé hisotias escalofriantes de viejos.
Contaré historias inventadas
a preciosos niños dulces y traviesos;
y amaré tierna y locamente
a la mujer que merezca del amor puro
de aquel dulce vagabundo.
Muchas veces, cuando tienes demasiadas cosas en la cabeza, se te olvidan las realmente importantes.
Como el día que se me olvidó respirar.
Fue un día muy triste para mi, porque morí.
Os recuerdo a todas
aunque no os lo diga continuamente.
No recuerdo muchos de vuestros nombres y apellidos
me fallan algunos cuandos y comos
y a veces otros dondes y porques,
pero a vosotras os recuerdo
a todas y cada una de vosotras mañanas que pasé con ella.